Jakue Pascual - Sociólogo
¿Quo vadis, juventud?
Hace un par de meses me topé con una noticia en la que se hacía
mención a la encuesta de la Complutense "Sentido, valores y creencias
en los jóvenes" y donde el articulista se preguntaba qué
equivocaciones había cometido la sociedad en relación a la juventud
actual. Uno de los datos indicaba que más del 70% de los jóvenes
mostraba una «acusada tendencia a anclar su vida en el presente»,
disociándose radicalmente de cualquier tiempo pretérito. Inmediatamente
recordé a Debord: «Un estado que se instala en el déficit
de conocimientos históricos no puede ser conducido estratégicamente»,
ya que se halla sumido en una deriva sin fin de pasos tácticos, lo
que imposibilita la superación de la crisis de sentido que genera,
volviéndose imperioso el control por anticipación para el mantenimiento
del entramado de mando. De ahí la advertencia de Miguel Roca del pasado
18 de julio en referencia a que la falta de memoria histórica puede
llevarnos a repetir los errores.
Según el catedrático Andrés Cantera, más de dos
tercios de los jóvenes no creen en las instituciones. Un dato que no
nos es extraño, ya que hace diecisiete años lo interpretamos
como suficientemente significativo, mientras la sociología oficial
del País Vasco intentaba minimizar la crisis de legitimación
del sistema ubicando exclusivamente su cuestionamiento entre los sectores
«radicales» que intentaba cuantificar. Pero los datos son tozudos.
Así, los jóvenes dicen estar preocupados por los problemas sociales,
aun cuando su grado de participación no sea alto, y valoran positivamente
la actuación en movimientos sociales y oenegés; siendo necesario
añadir que vuelven al funcionamiento de banda en sus estratos menos
formados, en especial cuando desaparecen del territorio las estructuras que
posibilitan su autoorganización.
Muchas son las interrogantes que se abren en torno a los jóvenes de
hoy. No sabemos hasta qué punto su pragmatismo responde a necesidades
objetivas u objetuales, ni el grado real de anomia, de incorrespondencia con
las expectativas, que soportan. Sólo que desconfían de las verdades
incontestables. Por eso no es raro que su búsqueda les lleve hasta
lo esotérico (60%). Un terreno donde las sectas destructivas acechan
y donde sólo una preparación mental contracultural y liberadora
puede permitir -como en el ciberpunk- hacer vudú en la red para conjurar
el hielo negro que protege los oscuros secretos transnacionales o -como en
la Internacional Aborigen- convertir a la diosa Mari en un mecano de potencialidades
para armar modelos comunitarios.